Una infraestructura casi invisible
Hacer del caminar una práctica de creación convierte el desplazamiento en una experiencia capaz de producir relaciones y generar conocimientos situados, transformando tanto la comprensión del territorio como la percepción de quien lo recorre. Es en el deambular donde ocurre la revelación de lugares y, particularmente, de restos urbanos que el hábito ha vuelto imperceptibles.
Desde una investigación situada en el Barrio Yungay, la artista Camila Baeza Berguño distingue los restos de líneas férreas que quedan como vestigios de lo que fue, a fines del siglo XIX, la construcción del circuito ferroviario en la ciudad de Santiago. En su propio deambular y como resultado de una investigación pictórica, Camila crea una serie de pinturas que dan forma a Umbral, su segunda exposición individual y que esta vez se gesta en el marco de la celebración de los 25 años del Centro Cultural Matucana 100, ubicado dentro del mismo territorio.
De manera espontánea, la curiosidad por conectar estos vestigios férreos y revelar su entramado original transformaron lo desconocido en una inmensidad de posibilidades, activando los vacíos imaginando historias, evoluciones y fragilidades. Así, la artista comenzó a urdir por el territorio hasta encontrarse con el desconocido Túnel Matucana, una infraestructura activa y casi invisible dentro de la ciudad contemporánea que funciona como un umbral de la línea férrea, la cual se hunde bajo el Parque Quinta Normal y conecta la Estación Central con la Ex Estación Yungay.
A escasos metros del túnel se encuentra la Galería Concreta, el espacio expositivo subterráneo de Matucana 100 que acoge las obras de Umbral, estableciendo un diálogo entre ambas infraestructuras ocultas y las distintas capas que atraviesan este territorio. No es casual que este encuentro ocurra allí: el edificio de Matucana 100 formó parte del paisaje ferroviario e industrial que se consolidó en torno al Eje Matucana, manteniendo hasta hoy la huella de esa historia en su arquitectura.
Existen ciertas semejanzas entre la idea de vestigio y la construcción de una pintura: ambas contienen capas, huellas y rastros que permiten ser examinados y sugerir o revelar algo de sí. Para Camila Baeza, la pintura es capaz de revelar la transformación del presente. Cada lienzo se convierte en un espacio donde la superficie deja entrever aquello que permanece oculto, revelando desde la abstracción los momentos de umbral que emergen de su investigación.
Las obras que conforman Umbral se despliegan en las tres salas subterráneas de la Galería Concreta siguiendo el ritmo del propio espacio expositivo: un pasillo recto y oscuro que revela cada estación a medida que uno se desplaza.
La serie Ventanas rescata las dimensiones exactas de las ventanas de antiguos trenes varados en el Museo Ferroviario de Santiago, ubicado también en las cercanías del Matucana 100. En ellas se revelan masas de colores que disputan el espacio, se oponen y siguen así un ritmo de velocidad que permiten explorar la abstracción y su densidad. A esta serie de obras la acompaña la instalación de la pieza Herrumbre, una tela de cinco metros colgada verticalmente en la sala principal. En ella, el óxido deja de ser solo una condición material para convertirse en una cualidad cromática, estableciendo un puente con los trazados borrosos de la línea ferroviaria y su estado de nostalgia.
La velocidad y la fuerza se transforman en sensaciones que la artista revela en sus pinturas, como la obra Círculo de Hierro, la cual trabaja como una superficie donde aparecen tensiones y atmósferas que intentan traducir lo difuso del tiempo, dejando que la luz se ahogue en la oscuridad a medida que se prepara para ser atravesada.
Como parte de su investigación, Baeza se acerca a los archivos con el objetivo de comprender el hallazgo para traer a la abstracción pictórica la discusión sobre los vestigios, la nostalgia, el tiempo y los silencios. En este proceso, nutre su trabajo colaborando con el Centro de Documentación de la Empresa de Ferrocarriles del Estado (EFE), quienes le brindaron acceso a uno de los mapas oficiales que muestra el trazado original del Eje Matucana, datado en el año 1937.
Este nuevo hallazgo, la artista lo convierte en un material vivo a través de la intervención Trazadas. Un ejercicio de actualización y re-lectura del territorio a partir de la superposición del mapa original con notas escritas en tiza, incorporando hitos, transformaciones urbanas y registros actuales asociados al territorio. De este modo, el mapa original se actualiza a través de una lectura situada del entorno, estableciendo un diálogo entre documento, memoria y espacio urbano.
Umbral invita a mirar el territorio desde la curiosidad y el deambular, entendiendo el recorrido cotidiano como una práctica de descubrimiento. A través de la pintura, la instalación y el archivo, la exposición propone detenerse en aquellas huellas que suelen permanecer ocultas, revelando las múltiples capas de memoria, tiempo e historia que atraviesan el paisaje urbano.
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