top of page

A 50 años de la muerte de Picasso: Madame Errázuriz


1973. Año de tintes aciagos en la historia chilena, marca además la partida de varios importantes artistas chilenos: Rolando Alarcón, Manuel Rojas, Camilo Mori, Neruda... Pero también parte ese año la figura de mayor fama y renombre del arte del siglo XX, Picasso. El 8 de abril, en su palaciega villa de la costa azul francesa, el malagueño infernal muere, a los 91. Durante su larga vida, no fueron pocos los chilenos que se vincularon con el reconocido capitán de las huestes de la vanguardia mundial. El mismo Neruda, y Huidobro, tuvieron una relación de relativa cercanía; Manuel Ortiz de Zárate una todavía más estrecha, integrando éste el círculo íntimo del español en sus primeros años parisinos. Pero quien, entre los nacidos por estos pagos, tuvo con Picasso por lejos una relación, aparte de cercana, de mayor importancia, incluso trascendencia, fue Eugenia Huici, nacida en La Calera, hija de un millonario boliviano avecindado en Chile en la segunda mitad del siglo XIX. Y acá, en este vínculo tan estrecho, se da un fenómeno harto curioso, porque la chilena no solo llega a ser una amiga, una muy íntima, del pintor.


Casada con José Tomás Errázuriz, otro hijo de magnates, amasan entre ambos una considerable fortuna, la que emplean en viajar por el mundo y en levantar fastuosas mansiones, pero, muy especialmente, en arte, en promover arte, en fomentar arte. Errázuriz es pintor; inicia su formación en Santiago y la termina en Europa, junto a Singer Sargent y Giovanni Boldini. La Huici, por su lado, se convertirá en la gran mecenas de Picasso cuando éste recién empieza a abrirse paso en la escena europea, pero también de varios otros artistas en situación similar. La lista impresiona: Stravinsky, Rubinstein, Diaghilev, Cendrars... La chilena, del español, se convertirá, más que en una simple benefactora, en una verdadera madrina. Recién casado con la rusa Koklova, Picasso pasará su luna de miel en la mansión de "Madame Errázuriz" en Biarritz; en señal de agradecimiento, el artista cubrirá las paredes de un salón con sus pinturas.


Como resulta más o menos típico en casos parecidos de mecenazgo por parte de connacionales, poco y nada del patrimonio artístico que la Huici, o, digamos, que el tándem Huici-Errázuriz logra poseer en vida ha quedado como legado dentro de nuestras fronteras. Errázuriz muere en 1927. Eugenia evalúa la posibilidad de volver a Chile; le encarga a Le Corbusier el diseño de una casa, que proyecta construir en Zapallar. Al parecer, el estadillo de la guerra significa un trastorno en sus finanzas. En el verano de 1945 le escribe una carta a Picasso, en la que se invierten los roles: le ofrece una mesa con terminaciones de bronce dorado, ya que, se lamenta, no le quedan más que “10 mil francos”. En 1949, se despide definitivamente de Europa y se establece en su hacienda calera.


Lo concreto es que ni la casa de Le Corbusier se llegará a construir –terminará levantándose en ¡Japón!–, ni los cuadros de Picasso, ni los de Singer Sargent, Sorolla y un largo etcétera, lograrán llegar hasta nosotros, formando parte, por ejemplo, de una colección pública para ser conocidos y gozados por todos.


Pablo Salinas



Eugenia Huici Arguedas (1860-1951)


Comments


bottom of page